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martes, 8 de abril de 2008

Desarrollo turístico y medio ambiente

Tal y como señalamos hace algunos meses, nuestro blog no busca solamente informar sobre temas de ciencias de la información y nuevas tecnologías. Tembién nos proponemos informar sobre situaciones alarmantes en el manejo de recursos naturales y conservación. Este ese el caso del artículo que publicamos ahora.

Tranquilamente sentado en una playa costarricense, usted puede ver al astro rey mojándose en las aguas del Pacífico, pero sabía que existen muchas personas, sobretodo extranjeras, dispuestas a pagar miles de dólares para ver ese espectáculo tropical.

De eso se trata el “boom” turístico: No importa si se habla de hoteles, condominios, casas de habitación, pues el impacto del turismo llegó a las zonas costeras del país.Pero, ¿Qué pasa cuando ese desarrollo estrangula a la montaña, sofoca a una naciente o asfixia a un río?

7 Días visitó el proyecto denominado “Costa Montaña”, cerca de Tárcoles, Puntarenas, en compañía de José Lino Cháves, juez y presidente del Tribunal Ambiental del Ministerio del Ambiente y Energía (MINAE). Una inspección realizada en marzo de este año 2008 constató que dicho proyecto cuenta con los permisos municipales y la viabilidad ambiental, pero dejó al descubierto importantes daños al entorno, como construcciones en zonas de protección y en pendientes de más de 60 grados. Además, según el Tribunal, en el análisis de viabilidad ambiental, el desarrollador del proyecto le indicó a la Secretaría Técnica Ambiental (SETENA) que esa era un área de potreros, cuando en realidad se trata de una zona montañosa con bosques secundarios y remanentes de bosque primario, con mantos acuíferos importantes.

¿Qué está sucediendo cuando pasamos del papel al terreno, de lo pactado a la práctica?, Jorge Flores, uno de los funcionarios desarrolladores del proyecto, rechaza esta idea, pues indica que ellos tienen todo en regla, al tiempo que asegura que “Costa Montaña” se levanta en una antigua zona de potreros. Al mismo tiempo, el representante del proyecto reconoce que una vez vendido cada lote, en promedio de 5.000 metros cuadrados, los propietarios tienen total independencia, aunque deben seguir algunas normas básicas como utilizar un máximo del 15% del total de la parcela para construir.Sin embargo, para el Tribunal Ambiental la realidad es otra, por ello clausuró parte del proyecto; además, está a la espera de un informe del MINAE para cuantificar la magnitud del daño, sancionar económicamente el proyecto y establecer las medidas de reparación ecológica.

Historia de nunca acabar

7 Días visitó también el proyecto “Hermosa Vista”, a 15 minutos de Jacó, lugar que jueces del Tribunal Ambiental procedieron a cerrar a inicios de marzo del presente año. Ellos consideran que los desarrolladores arrasaron una montaña para preparar terrazas en las que se construirán unos 100 condominios; aunque parezca increíble, todo tenía permiso municipal y viabilidad ambiental, surgiendo nuevamente las inconsistencias. Propios y extraños reconocen que existe una debilidad en materia de supervisión, pues aunque se le marca la cancha ambiental al desarrollador, en la práctica éste se aparta y cuando las autoridades se percatan ya es tarde. Por ejemplo una quebrada, un hilo de agua que intenta sobrevivir entre montañas y montañas de sedimentos de construcción que provienen desde lo más alto del proyecto. Cuando a los débiles controles le agregamos corrupción, situación no comprobada en este caso, desarrollador y funcionario público están listos para el complot contra la naturaleza.“Costa Montaña”, “Hermosa Vista” y decenas de proyectos turísticos y habitacionales en las zonas costeras costarricenses dejaron al descubierto la bomba de tiempo que significa el recurso natural y, particularmente, el hídrico.

Opiniones divergentes

El proyecto “Colinas de Esterillos”, en Parrita, también fue intervenido por el Tribunal Ambiental en marzo del 2008. ¿Humedal o potrero?, dicho ente tiene su opinión, por ello clausuró esa obra; pero los desarrolladores sostienen que era potrero y que sus papales están en regla.Sea cual sea el caso, “Colinas de Esterillos” plantea de nuevo las siguientes interrogantes: ¿Por qué las inconsistencias entre instituciones?, ¿Están nuestros gobiernos locales preparados para el “boom” turístico?; pues la falta de planificación y las inconsistencias son de nunca acabar.

Un grupo de desarrolladores, dueños de una propiedad en la que se levantaría un proyecto turístico, cuentan con todos los permisos municipales y la viabilidad ambiental otorgada por SETENA.Pero funcionarios de la región del Pacífico Central del MINAE, aseguran que ese terreno es parte de la Laguna de Pochotal y que varios informes así lo sostienen; nuevamente: ¿Quién tiene la razón?, ¿Por qué las contradicciones?, ¿Diferencias de criterio o algo más? Las cosas se vuelven peores cuando quién denuncia es puesto en jaque, como por ejemplo en este caso, cuando al funcionario del MINAE denunciante, y debido a una orden judicial, le fue embargado el 40% de su salario y varios bienes.

El rumor se propaga rápidamente entre sus colegas, quienes tal vez lo pensarán 2 veces antes de actuar. Falta de controles, ambición, inconsistencias, corrupción, como usted quiera llamarle, pero de 12 proyectos visitados por el Tribunal Ambiental en el Pacífico Central de nuestro país, 4 fueron cerrados, 6 están bajo estudio y sólo 2 pasaron la prueba; números que dan para pensar y preocuparse.

Tomado del programa 7 Días, de Teletica Canal 7

viernes, 28 de septiembre de 2007

Temas de medio ambiente

Nuestra Universidad se preocupa por la conservación del planeta y la Biblioteca, cumpliendo con su papel de distribuir información y conocimiento, apoya la toma de conciencia sobre este tema que nos debe preocupar a todos. Es por eso que publicaremos periódicamente en nuestro blog artículos como el que sigue. Esperamos que los disfruten.


La maldición del oro negro

Esperanza y traición en el Delta del Níger

Tom O’Neill
Fuente: National Geographic

En el sur de Nigeria, el petróleo lo corrompe todo. Se derrama de las tuberías y contamina la tierra y el agua. Mancha las manos de los políticos y militares que desvían las utilidades. Turba las ambiciones de los jóvenes, quienes harán hasta lo imposible por llevarse una tajada de la riqueza producida por este líquido, ya sea disparar una pistola, sabotear instalaciones o secuestrar a un extranjero.

Nigeria lo tenía todo para ser la crónica de un progreso anunciado: una empobrecida nación africana con la fortuna de encontrarse súbitamente con un gran patrimonio. Era 1956 y las imágenes de prosperidad surgieron con una fuerza equivalente a la de ese primer chorro que brotó del suelo pantanoso del Delta del Níger. El mercado mundial codiciaba el crudo del delta, un líquido “dulce”, bajo en azufre, llamado Bonny Light, que se refina con facilidad para convertirse en gasolina y diésel. Hacia mediados de la década de 1970, Nigeria se había unido a la Organización de Países Exportadores de Petróleo y el presupuesto de su gobierno rebosaba de petrodólares.

Todo parecía posible, pero todo salió mal. Los cinturones de miseria, densamente poblados y atestados de basura, se extienden a lo largo de kilómetros. El humo negro de un matadero al aire libre se vuelca sobre los tejados. Las calles están llenas de baches. Pandillas violentas rondan las escuelas. Los limosneros y vendedores ambulantes corren hacia los automóviles que esperan para cargar gasolina. Así se ve Port Harcourt, el centro petrolero de Nigeria y la capital del estado de Rivers, justo en el corazón de la zona de reservas petroleras del país, las cuales son más grandes que las de Estados Unidos y México juntas. Port Harcourt debería ser fulgurante; sin embargo, está en decadencia

Más allá de la ciudad, en el laberinto de arroyos, ríos y oleoductos que vetean el delta –uno de los humedales más grandes del planeta–, hay un inframundo. Los poblados parecen aferrarse con desesperación a la orilla del río; son un montón de chozas de lodo que apenas se mantienen en pie. Los caminos de tierra atestiguan el deambular de hambrientos niños semidesnudos y adultos desempleados y taciturnos. No hay electricidad, agua potable, medicinas ni escuelas. Las redes para pescar parecen no haberse usado en mucho tiempo, las canoas están ociosas en las orillas del delta. Los peces han muerto como resultado de muchas décadas de derrames de petróleo, de la lluvia ácida provocada por la quema de gas y de la devastación de los manglares ocasionada por la instalación de las tuberías.

Nigeria es la víctima de aquello que le dio esperanzas: el petróleo, el cual representa 95 por ciento de sus exportaciones y 80 % de sus ingresos. En 1960, casi la totalidad de las exportaciones del país eran productos agrícolas, como el aceite de palma y las semillas de cacao, los cuales, hoy en día, apenas se registran como artículos comerciales. Esta nación, la más poblada de África, con 130 millones de habitantes, se apartó del esquema de la autosuficiencia alimentaria y ahora importa más de lo que produce. Sus refinerías dejan de funcionar a menudo, por lo que, pese a su riqueza petrolera, tiene que importar la mayor parte de su combustible. Además, es común que las gasolineras estén cerradas por la falta del producto. El Banco Mundial califica a Nigeria como un ‘‘Estado frágil”’’, amenazado por el conflicto armado, las epidemias y la falta de gobernabilidad.

Encuentre el artículo completo en la edición de febrero de 2007 de National Geographic en Español, Disponible en la Biblioteca